Cuando era más joven, me encantaba recibir regalos. Siempre esperaba con ansia que llegasen fechas señaladas
(cumpleaños, reyes, graduación, aniversario, San Valentín...) para que mis familiares, pareja y/o amigos me regalasen aquellos caprichos que no podía permitirme en el día a día y que estaba deseando tener, pero lo cierto es que
desde hace unos años, me gusta más hacerlos. No sé si será porque tengo más de lo que puedo soñar
(no me cansaré de repetir que, hasta la fecha, he tenido mucha suerte en la vida con las cartas que me han tocado) o que a lo mejor me conformo con muy poco para ser feliz... Quién sabe. El caso es que, hoy por hoy, disfruto más dando que recibiendo.