
Hay fotografías que hablan de un vestido y fotografías que hablan de un momento profesional. Las que acompañan este artículo pertenecen, para mí, a las dos categorías.
Ayer, viernes 2 de octubre, tuve el placer de ser la presentadora del acto de presentación de la programación y pregón del LXXXV Concurso-Exposición de Quesos de los Picos de Europa, celebrado en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cangas de Onís.
Volver a estar ante un atril, con un micrófono delante y un público al que dirigirse, es uno de esos lugares profesionales en los que me siento especialmente cómoda. Mi papel durante la tarde fue conducir el acto, presentar la programación prevista para el mes de octubre, dar paso a las diferentes intervenciones musicales, al vídeo, al alcalde de Cangas de Onís y, finalmente, presentar al pregonero de esta edición, el Maestro Escanciador Salvador Ondó.
Un acto institucional, pero también una celebración de algunas de las señas de identidad más reconocibles de nuestra tierra: el queso, la miel, la sidra, la gastronomía y las tradiciones.
Y precisamente ese contexto fue el punto de partida para decidir cómo quería vestirme.

Cuando el estilismo también comunica
Para esta ocasión volví a contar con Yolanda, de IOL, y, como tantas otras veces, la conversación empezó mucho antes de elegir simplemente «un vestido bonito».
Quería una imagen diferente a la que suelo mostrar en otras ocasiones.
Tengo una faceta bastante barroca y camaleónica: me gustan el brillo, los colores potentes, las texturas, los accesorios protagonistas y esos looks en los que siempre hay algún elemento que reclama atención. Pero este acto pedía otra cosa.
Así que decidimos quitar.
Un vestido negro. Una silueta limpia. Salones. Joyería fina. El cabello perfectamente colocado. Y nada más de lo necesario.
La intención era conseguir una imagen elegante, femenina y poderosa, pero también contenida. Una imagen que tuviera presencia sin competir con el escenario, con las autoridades, con los músicos ni con el propio desarrollo del acto.
Y ahí es donde empiezan a aparecer las referencias.

Sophia Loren, protocolo y glamour clásico
La silueta tiene mucho de esa donna italiana clásica que tantas veces hemos asociado a Sophia Loren: cintura marcada, cadera dibujada y una feminidad que no pretende esconder las curvas.
Pero no quería que la sensualidad fuese el mensaje principal.
Por eso el escote es limpio, la manga francesa aporta contención y el largo del vestido mantiene una elegancia clásica. El pequeño volante introduce una nota mediterránea y femenina, pero sin convertir el conjunto en algo folclórico o excesivamente romántico.
El negro cambia por completo el resultado.
Ese mismo vestido en otro color tendría probablemente un discurso mucho más festivo o glamuroso. En negro adquiere solemnidad, profundidad y un cierto dramatismo. Es un color que, en un contexto institucional y de tarde-noche, hace que la silueta resulte mucho más ceremonial.
También hay algo de glamour cinematográfico en todo el conjunto. Esa estética de otra época en la que la sofisticación no dependía necesariamente de llevar más cosas, sino de elegir muy bien las que llevabas.
Y sí, entiendo perfectamente que al verlo puedan aparecer referencias como Melania Trump o incluso determinadas imágenes del Hollywood clásico. Pero, pensando en el conjunto, no quería hacer un «look Melania», ni disfrazarme de Sophia Loren, ni reproducir ninguna estética concreta.
Las referencias eran simplemente parte del lenguaje.
Melania explica parte del código institucional y la sobriedad de determinadas apariciones públicas. Sophia Loren explica mejor la silueta y esa feminidad italiana tan consciente del cuerpo. El Hollywood clásico aporta el componente cinematográfico.
Pero el resultado no es ninguna de ellas.

Una mujer ante un atril
Creo que esta es la parte más importante.
No quería parecer una mujer que se dirige a una alfombra roja.
Quería parecer una mujer que entra en un Salón de Plenos, se coloca ante un atril, coge un micrófono y sabe que está allí para presentar un acto institucional.
Y eso condicionó todo.
Incluso la elección de las joyas. Podría haber llevado piezas mucho más llamativas y haber convertido el conjunto en algo más «diva», pero decidimos mantenerlas finas y discretas. Así, el protagonismo se queda en la silueta, en el rostro y en la actitud.
El objetivo no era desaparecer dentro del protocolo, sino adaptar mi propia identidad al contexto sin perderla.
Quizá por eso estas fotografías me gustan especialmente. Porque no muestran solamente cómo iba vestida. Muestran a una María concreta: la presentadora, la comunicadora, la mujer que lleva muchos años poniéndose delante de una cámara, un micrófono o un público y que sigue disfrutando de la responsabilidad de conducir un acto.

Y detrás de esa imagen hay también un trabajo de equipo.
Gracias a Cangas de Onís por confiar en mí para presentar esta noche tan especial. Gracias a Yolanda, de IOL, por ayudarme a construir una imagen que entendiera perfectamente el lugar, el momento y el papel que iba a desempeñar.
Porque al final, también el vestuario forma parte de la comunicación.
Y esta vez el mensaje era sencillo:
feminidad, elegancia, solemnidad y presencia.
Una donna italiana en el lenguaje, quizá.
Pero María en el resultado.

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